El sábado visitó Valencia un antiguo miembro de las juventudes hitlerianas, ex-soldado del régimen nazi, desertor de sus filas un mes antes de la caída del Tercer Reich que posteriormente se ordenó sacerdote y que fue escalando puestos hasta convertirse en la máxima autoridad e icono supremo de la religión católica. A ésta joya de hombre, hoy ya anciano caduco, se le conoce como Benedicto XVI, Ratzinger o simplemente, Papa. Y yo le tengo una especial animadversión.


- Ratzinger, en su visita al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau
No es que el desaparecido Juan Pablo II me inspirara mucha más simpatía, pero al menos tenía un rostro más afable (el Ratzinger tiene unos ojillos de vicioso cabrón de cagarse) y sobre todo, ¡que coño!, una lo veía agonizando en los actos oficiales, sin poder apenas moverse ni hablar, a ratos tremendamente perjudicao, a ratos sobao perdido, y pensaba "Ahí estamos, con un par. ¿No es tan sagrada la vida que hay que seguir respirando aunque ya se te haya ido la dignidad a tomar por saco? Pues hala, a autotorturarte hasta que la espiches". Y ciertamente, lo que quedaba del antiguo Papa resistió un huevo y parte del otro, mu malamente, eso sí, hasta que el body le dijo basta (la mente ya parecía que se le había ido hacía bastante tiempo). Total, que sin quererlo y muy en contra de lo que predicaba, la ¿vida? de Juan Pablo II en su último tramo, fue uno de los más contundentes argumentos a favor de la legalización de la eutanasia que se han visto nunca; pese a que haya mucho fanático que prefiera verlo como un heroico ejemplo de sacrificio y entrega y tal y cual y Pascual.

"Dejadme ir a la casa del Padre" - Últimas palabras
de Juan Pablo II - "...de una puta vez" - Probablemente, sus últimos pensamientos.
El caso es que en cambio, al amigo Ratzinger, aunque ya chocho, se le adivina fortaleza y cuerda pa rato. Y es que las S.S, curten mucho. A mí, que el Papa venga a visitar fieles a Valencia (y quien dice Valencia, dice Sevilla, Islandia o Madagascar) pues me parece cojonudo. Lo que no concibo es que un Estado aconfesional y laico, y por consiguiente una Comunidad Autónoma de un Estado aconfesional y laico, invierta una pasta gansísima en adornos, infraestructuras y seguridad para recibir a éste señor. Éste señor y la confesión a la que pertenece, deberían financiarse sus adornitos, infraestructuras y medidas de seguridad. Éste señor, si quiere dar misas o conferencias, debería buscarse la vida. Pero no. Resulta que Miss Rita Barberá, Alcaldesa de Valencia, tuvo las narices de pedir a los valencianos que mostraran su "alegría" al Papa de los cojones. Y Ayuntamiento y Generalitat han defendido desde el primer momento que "se gastaría lo que hiciera falta".
Resulta también, que un mes antes de tan distinguida visita, chaparon el puente de Monteolivete formando unos cacaos de tráfico de flipar. Resulta que con dos semanas de antelación, convirtieron Valencia en un gigantesco W.C portátil, porque allá donde miraras, no veías (y sigues sin ver, porque no los han quitado) más que eso, cagaderos móviles por doquier. Resulta que ya pasado el evento, sigue sin quedar una sola farola que no luzca los colores vaticanos. Resulta que desde hace ya muchos días, los vecinos del centro recibimos la visita desinteresada de unas ¿simpáticas? beatas que se autodenominaban "voluntarias" y que instaban a la gente de bien (ejem) a colgar del balcón una bandera española, a ser posible con aguilucho y un póster de Benedicto que reza "Jo t´Espere" (yo te espero). Resulta que con un día de antelación a la llegada de su ¿Santidad?, cortaron todas las calles del centro, los transportes públicos dejaron de funcionar y, ojo al dato, avisaron de que se iría a tomar por saco la cobertura de los teléfonos móviles, supuestamente para evitar atentados como el del 11-M, donde se usaron como detonadores. Y yo, como ciudadana atea de un Estado aconfesional, me encuentro con que si el viernes hubiera ido a trabajar en mi horario habitual, esto es, de 9 a 14 y de 16:30 a 19:30, no solo no podría desarrollar mi currelo por la tarde, sino que, además, me hubiera quedado supuestamente incomunicada, aislada y sin forma humana de volver a casa, o lo que es lo mismo, chupándome los actos de celebración a la fuerza y por el jeto. O eso nos vendieron, porque luego, de lo dicho nada. Hablo, por supuesto, de los faroles que se marca la organización del V Encuentro Mundial de las Familias, a quienes desde aquí suplico de rodillas que me rellenen un boleto de la Primitiva. Porque como videntes, no tienen precio. En su inagotable optimismo habían previsto la llegada masiva a Valencia de nada menos que millón y medio de fieles. Y voilá: mantienen que acertaron de pleno. Yo, en cambio, barajo otras cifras.
Básicamente, las que he visto en éstos días o las que me indica el sentido común y que se acercan bastante a las que apuntan fuentes próximas al Ayuntamiento de Valencia: 250.000 peregrinos. Pero claro, yo no tengo Fe. Y como todo el mundo sabe, la Fe es imprescindible para creer en aquello que no se ve, ni se siente, ni se nota, ni traspasa. Vamos, que el sábado pude acercarme como si tal cosa al centro de Valencia, pero eso fue debido a mi ausencia de Fe. El domingo por la mañana me crucé media ciudad para ir a ver a mis sufridos progenitores, pero es porque la ausencia de Fe me impedía ver esa avalancha humana de católicos entregados que tomaban las calles. Y el viernes por la tarde podía haber ido a currar perfectamente pese a las advertencias apocalípticas de la madera, pero todo es por falta de Fe, hermanos. O eso, o los del EMF (Encuentro Mundial de las Familias) se han hecho la picha un lío entre el recuento de peregrinos y el milagro de los panes y los peces. Otra explicación, no cabe.
Lo que pasa es que claro, una intenta identificarse con algún grupo que opine que la visita Papal es un dispendio absurdo, un sinsentido y una hipocresía como la copa de un pino y lo que se encuentra es ésta bonita forma de protesta:

Yo no me explico cómo alguien puede esperar que lo tomen en serio, manifestándose en bicicleta como el mono lo trajo al mundo. Si todas las vías y cauces de oposición son así, prefiero irme al Carnaval de Río, a ver mover el culo a tremendos mulatos, sinceramente.
Todo lo demás...como siempre. Al final Ratzinger no tuvo huevos para arremeter con excesiva dureza contra ZP y estuvo más bien blandengue, limitándose a insistir en "el carácter indisoluble del matrimonio y la familia".
Según el diario gratuito ADN (yo, evidentemente, no me tragué la homilía), algunas de sus palabras más severas fueron "El matrimonio es una institución insustituible según los planes de Dios". Vamos, que acojonar, no acojona. Simplemente jode un poco enterarse de que Dios, que según dicen nunca ha tenido que soportar a una parienta, se empeña en casar a todo hijo de vecino y en condenarlos a aguantarse mutuamente pa los restos sin excepción, seas o no seas feliz con la joyita que te haya tocado en matrimonio.
El único que quiso darle un poco de acción a la cosa fue el portavoz vaticano, Joaquín Navarro Valls, al que le faltó tiempo para decir que Fidel Castro, Daniel Ortega y Jaruzelski habían acompañado al Papa en las misas que se celebraron en los respectivos países, en concreta alusión a la no asistencia de Zapatero a la eucaristía. Pero en cuanto se le recordó que ni Chirac ni Clinton habían acudido tampoco en su día, optó por cerrar su boquita de miel. Lo mejor es que, como bien recuerda Nacho Escolar, Aznar tampoco fue en su momento a la misa del Papa. Y es que el hombre prefirió asistir a un acto del FAES en Navacerrada. Que viva la memoria selectiva.
Por lo del tema del "accidente" de metro donde la palmaron 41 personas, ya no hay de que preocuparse. El Papa rezó por todos nada más aterrizar. Que lo sepáis.
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